La ermita de San Roque, en las Palmas de Gran Canaria, recibe su nombre por los antiguos riscos que conformaban la ciudad. La riqueza natural del barranco Guiniguada, que influyó decisivamente en la fundación de la Ciudad, propició que antes de la Conquista fuera también un lugar elegido por los aborígenes para su asentamiento. En el entorno de San Roque, en el lugar conocido como Albiturria hay algunas cuevas naturales que posiblemente constituyeron un hábitat troglodita antiguo, pero que si la hubo desaparecieron con la utilización que se le dio posteriormente al lugar, era también un lugar estratégico tanto para conquistados como para conquistadores, pues facilitaba la comunicación entre la franja costera y el interior de la isla a través de la cuenca del barranco Guiniguada. Abreu y Galindo dice que ‘’fue en el Real de Las Palmas junto a San Roque, donde se construyó por Pedro de Vera el primer ingenio de azúcar que hubo en la isla después de haber traído de la Isla de Madeira la caña de azúcar, así como cultivadores y refinadores portugueses para fomentar su cultivo y transformación en la isla. ’’
Presumiblemente a comienzos del siglo XVI ya estaba construida
la ermita bajo el anacronismo, de san Roque, la cual tendría que ser reconstruida
a finales del siglo XVIII. En torno a dicha ermita comienza a surgir el
asentamiento de la población desplazada del barrio de Vegueta.
Después de 1599, tras el incendio y destrucción de las fortificaciones por los holandeses, se inició esta importante transformación en la trama urbana de la Ciudad. Su reconstrucción se caracterizó por el desplazamiento de la población humilde y artesana a zonas marginales, los llamados riscos, los cuales en la actualidad, continúan teniendo esa imagen, esto se realizo para que las clases más altas de la sociedad pudieran reconstruir y ampliar sus casonas, todo ello empeoro la inundación del barranco Guiniguada en 1615 arrasó con las heredades de su alrededor y con las construcciones aledañas a su cauce. La ermita de San Roque se situó en una zona estratégica como ha quedado constancia con los textos, como por ejemplo un testamento de 1702 de la viuda de Diego Ponce de León, Magdalena Ángel Alarcón, nombra «La huerta denominada “Matagatos”, junto al camino que conduce a la ermita de San Roque». Y otro ejemplo podría ser un texto de 1692 del Licenciado, Arcediano de Canarias, Dignidad en la Catedral y Juez Subdelegado de la Santa Cruzada Domingo Albiturria Orbea, que mencionaba distintas propiedades como un «Molino en el Barranco de la Ciudad y Tierras junto a dicho molino y cinco días de agua del Barranco de la Ciudad, y Huerta junto a la ermita de San Roque con su agua».
Después de 1599, tras el incendio y destrucción de las fortificaciones por los holandeses, se inició esta importante transformación en la trama urbana de la Ciudad. Su reconstrucción se caracterizó por el desplazamiento de la población humilde y artesana a zonas marginales, los llamados riscos, los cuales en la actualidad, continúan teniendo esa imagen, esto se realizo para que las clases más altas de la sociedad pudieran reconstruir y ampliar sus casonas, todo ello empeoro la inundación del barranco Guiniguada en 1615 arrasó con las heredades de su alrededor y con las construcciones aledañas a su cauce. La ermita de San Roque se situó en una zona estratégica como ha quedado constancia con los textos, como por ejemplo un testamento de 1702 de la viuda de Diego Ponce de León, Magdalena Ángel Alarcón, nombra «La huerta denominada “Matagatos”, junto al camino que conduce a la ermita de San Roque». Y otro ejemplo podría ser un texto de 1692 del Licenciado, Arcediano de Canarias, Dignidad en la Catedral y Juez Subdelegado de la Santa Cruzada Domingo Albiturria Orbea, que mencionaba distintas propiedades como un «Molino en el Barranco de la Ciudad y Tierras junto a dicho molino y cinco días de agua del Barranco de la Ciudad, y Huerta junto a la ermita de San Roque con su agua».
La ermita primera debió ser de pequeñas dimensiones y de muy
tosca construcción a juzgar por las reparaciones y reformas sucesivas que padeció,
primero dependía de los patronos vinculados a la familia del fundador y después
por los sucesivos y numerosos mayordomos. Es cierto que por razones que se
desconocen la ermita, bien por renuncia de los herederos del fundador, o por el
descuido de aquellos en su atención obligó al obispo a mediados del XVII a
incorporarla a la jurisdicción de la parroquia, porque ya en 1663 en que se
inicia el libro primero de una cofradía fundada en la misma es curiosa la
actividad recogida en sus páginas que debían desarrollar los sucesivos
mayordomos donde se advierte la obligación de recorrer los campos de la zona
para pedir limosnas, para cubrir las necesidades del culto y reparaciones de la
pequeña iglesia.
El último de los mayordomos es a quien se le atribuye la idea, de hacer una reconstrucción de la ermita por el estado ruinoso de la primitiva ermita casi sin actividad, además de realizar una ampliación de la misma, ello se hizo con la colaboración entre vecinos y la nueva y actual ermita se inauguró el 16 de agosto de 1903, el dia de la festividad del santo.
El último de los mayordomos es a quien se le atribuye la idea, de hacer una reconstrucción de la ermita por el estado ruinoso de la primitiva ermita casi sin actividad, además de realizar una ampliación de la misma, ello se hizo con la colaboración entre vecinos y la nueva y actual ermita se inauguró el 16 de agosto de 1903, el dia de la festividad del santo.

